Castillo de Nagoya: El corazón del Shogunato en aichi
Aunque Nagoya es hoy una metrópolis industrial y tecnológica, en su centro late el espíritu de los samuráis. El Castillo de Nagoya, en la prefectura de aichi, fue uno de los más importantes durante la era Edo, sirviendo como la sede de la rama Owari de la familia Tokugawa.
Los Shachihoko dorados
Lo más icónico de este castillo son los dos delfines dorados (Kin-shachi) que adornan los extremos del tejado de la torre principal. Cubiertos con oro de 18 quilates, estos protectores míticos contra los incendios son el símbolo de la riqueza y el poder de Nagoya. Son tan famosos que incluso hay miniaturas de ellos por toda la ciudad.
El Palacio Honmaru: Una joya recuperada
Tras ser destruido en la Segunda Guerra Mundial, el Palacio Honmaru ha sido reconstruido meticulosamente usando técnicas tradicionales de carpintería y materiales originales (madera de ciprés hinoki). Entrar en sus salas es como entrar en una caja de joyas gigante: pinturas sobre pan de oro, puertas correderas decoradas con tigres y una arquitectura que te deja sin palabras. Es el mejor ejemplo vivo de un palacio residencial samurái en todo Japón.
El Museo en la torre
La torre principal (donde están los delfines dorados) funciona como un museo que te explica toda la historia de la ciudad de Nagoya y del clan Tokugawa. Puedes ver armaduras samurái, réplicas de las viviendas de la época y una maqueta a escala real de una de las linternas doradas.
El Castillo de Nagoya es una mezcla perfecta de historia y orgullo local. Un lugar imprescindible para entender por qué aichi fue clave en el destino de Japón.